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Ruta
2 "Donde habita el alisio" |
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Ruta 2: "Donde habita el alisio" |
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Situado en la costa moyense
de Lairaga, constituye un enclave de gran atractivo. Sus terrazas
de plataneras, el caserío y la cercanía al mar confieren al
paisaje una singular belleza.
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La
Villa de Moya asoma al barranco de su mismo nombre desde las
alturas. Este antiguo enclave, en plena zona de laurisilva,
fue cuna del insigne poeta Tomás Morales y, en el centro mismo
del pueblo, frente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria,
podemos observar y visitar la casa donde vivió, actualmente
convertida en museo. En el casco es igualmente interesante
visitar el edificio de la Heredad de Aguas y la fábrica de
"bizcochos de Moya".
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Los
Tilos de Moya toman su nombre del til árbol que, junto con
el laurel, el viñátigo y el acebiño, constituye una de las
especias arbóreas más representativas de la laurisilva. Saliendo
de Moya, en dirección hacia el Palmital de Guía, nos encontramos
con el Barranco del Laurel, donde se encuentran los famosos
"Tilos". Este bosquete del relicto de laurisilva más amplio
de Gran Canaria, parte de lo que un día fuera la Selva de
Doramas, fuertemente explotada históricamente y hoy en recuperación
gracias a los planes de repoblación Laurisilva XXI llevados
a cabo en la zona. Un paseo por la carretera que asciende
por el barranco nos permitirá observar las numerosísimas especies
endémicas que conforman este ecosistema.
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El pequeño núcleo de San Bartolomé
de Fontanales se sitúa a 990 mts. de altitud, en las medianías
del municipio moyense. Es un pueblo de marcado carácter agrícola,
donde se cultivan sobre todo papas, millo y frutales, como
los castaños y los manzanos, y ganadero, si bien en los últimos
años se ha experimentado un fuerte retroceso en este sector.
Junto a las construcciones modernas, todavía podemos observar
numerosas edificaciones de tipo tradicional, destacando entre
estas antiguas construcciones la iglesia parroquial de San
Bartolomé de Fontanales, que permanece en pie a pesar de que
la nueva iglesia se construyó justo enfrente.
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La Caldera de Los Pinos de Gáldar
supone una espléndida atalaya desde la que observar todo el
norte grancanario. Este enorme cráter, situado en las cumbres
del norte de la isla, en alineación con el edificio de Montañón
Negro, pertenece al ciclo reciente de formación de la isla.
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Se asienta sobre los materiales
lávicos del volcán Calderetas, de ciclo reciente, los cuales
rellenaron el fondo del barranco, dando lugar a un pequeño
valle con grandes posibilidades agrícolas. Situado muy cerca
del casco de Valleseco, hoy día tienden a encontrarse debido
al crecimiento longitudinal de ambos núcleos de población
alrededor de la carretera.
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Valleseco se sitúa a 978
mts. de altitud, y es la capital de un municipio que
acoge 4.421 habitantes. Se trata de un pueblo, al igual
que casi todos los de la zona, de base agrícola y ganadera,
cuya actividad se ve en retroceso. En el casco urbano
podemos observar la Iglesia de San Vicente Ferrer, del
siglo XIX, que cuenta con un púlpito y un artesonado
mudéjar.
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Constituye un excelente
mirador del valle en el que se asienta Teror, pudiendo
observarse desde aquí el crecimiento disperso del pueblo
y el minifundismo agrícola.
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La villa mariana de Teror, situada
en el centro de un valle, a unos 543 mts. de altura, constituyó
desde muy temprano un importante centro religiosos, señorial
y comercial de las medianías de Gran Canaria. Prueba de ello
son las importantes edificaciones que en su núcleo podemos observar,
como la Basílica del Pino, la Casa Episcopal, el Convento
de las Dominicas, el Monasterio del Císter y las Casas Consistoriales,
que hacen de Teror un pueblo de gran belleza. Hoy día, la villa
ha experimentando un importante crecimiento, explicado en parte
por la atracción del culto a la Virgen del Pino.
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La
villa de Firgas se sitúa en el centro del municipio, sobre las
laderas de un cono volcánico, la Montaña de Firgas (669 mts.),
que da a la zona un imponente porte montañoso. Las calles empinadas,
las casas antiguas y las fuentes hacen de este tranquilo pueblo
un lugar agradable para pasear a la sombra. Un antiguo molino
de gofio del siglo XVI, restaurado en 1996, está actualmente
abierto por las mañanas para el disfrute colectivo.
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El
Barranco de la Virgen es conocido en su cauce inferior como
Barranco de Azuaje, debido a las fuentes minerales del mismo
nombre que en él se encuentran. Tras el barrio de Buenlugar,
y tomando, a la izquierda, una pista que se interna en el
barranco, nos encontramos con los manantiales curativos, cuyas
aguas ricas en hierro en disolución llevaron, a principios
del siglo XX, a la construcción de un hotel balneario que
fue muy frecuentado hasta la época de la Guerra Civil. Hoy
podemos observar los restos que, tras un incendio, permanecen
en estado ruinoso. No puede faltar en esta visita un pequeño
paseo barranco arriba, para disfrutar de la sombra de sus
grandes árboles de laurisilva y del murmullo del agua.
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